Atlante

Publicado el 8 de Mayo, 2005, 1:00

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El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo: pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él ... []...lo que se denomina el buen sentido o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y así como la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no es suficiente tener buen ingenio, sino lo principal es aplicarlo bien.

Así afirmaba René Descartes, en el "Discurso del método", año 1637.

En parte debe de ser cierto que nuestra capacidad de razonamiento es similar, con ligeras diferencias establecidas genéticamente, pero deben de existir otros factores que hagan distinto nuestro modo de razonar. Establezcamos, por ejemplo, una relación directa entre la capacidad de razonar y el tiempo que dedica cada uno a organizar su pensamiento.

El pensamiento es algo tan privado e íntimo que ninguno de nosotros es capaz de imaginar cómo es el de los demás y en consecuencia, no tiene medida con la que compararse. A lo largo del día una persona acaba pensando en muy diversos temas, y deja a su mente discurrir entre diferentes actividades, que a veces incluso se solapan. Ejemplos que se me ocurren: Análisis del entorno, planteamiento de nuevos objetivos, sintonización de música ambiental (suele suceder que escuchas una canción mientras caminas y... zas, la tienes pegada, sonando en "background" durante bastante tiempo, me suele sorprender la insistencia de esa música), fantasear con imposibles, rememoración de escenas del pasado, búsqueda de posibles soluciones de problemas cercanos...

Supongo que estos puntos son abarcados por la mayoría de las personas aunque cada cual dedicará una porción mayor o menor de tiempo diario a cada uno de ellos. También creo que hay otros "modos del pensamiento", que no he incluido porque yo no estoy acostumbrado a tratar, como podría ser el de "Búsqueda de estrategias para aprovecharme de lo que está sucediendo alrededor y de los que me rodean", costumbre de la que debo carecer a pesar de estar bien surtida en algunas personas con las que me relaciono.

Digamos entonces que todos pensamos en términos parecidos y con objetivos similares. La diferencia entre nuestras costumbres de pensamiento y la efectividad de nuestra razón estaría en el porcentaje temporal dedicado a cada uno de esos apartados (digamos, por ejemplo, el tiempo que cada día se dedica a pensar en una cosa u otra). Conozco gente, por ejemplo, que diría dedican una porción enorme a pensar sobre hechos del pasado, a personas que la mayor parte del día la deben de estar pensando en cómo aprovecharse del prójimo, a fantasiosos habitando un mundo distorsionado, a obsesos que deben estar sumidos en un erotismo perenne... Esas costumbres de pensamiento han de definir también el modo de actuar de cada persona y así, enlazando con el discurso de Descartes, aquellos que dedican más tiempo a tareas de análisis podrían tener su capacidad de razonamiento y conocimiento social más entrenado, más vivaz, más acertado. En contraste, los que piensan fundamentalmente en asuntos irrelevantes, hedonistas o inservibles socialmente contarían con un menor bagaje interior aprovechable en el exterior. Aquellas personas que vemos demuestran un pensamiento lento o poco agudo, quizá simplemente tienen la costumbre de pensar en temas más sencillos, poco estimulantes.

Lo curioso del asunto, lo que realmente me motiva a escribir esto, es que a partir del día tres de este mes, tengo que dedicar parte de mi pensamiento diario a idear los temas que podría incluir en este blog. Me pregunto cómo afectará a mi forma de actuar, ser o pensar, pero en principio lo puedo considerar como una buena forma de entrenamiento del raciocinio. Así, sean o no leídos estos temas, para mí habrán sido igualmente fructíferos, si además encuentro comentarios que me hagan pensar... el éxito del blog, a nivel personal, estará asegurado.