Atlante

Publicado el 9 de Mayo, 2005, 1:00

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(Su príncipe no podría ocultar su felicidad... si dejara de dormir)

Nuestra princesa, la gata peluda y trompuda alfa, ha sido bendecida con tres pequeños cachorros y se encuentra así de tranquila en estos días, con los chavales mamando bajo los azulejos de la cocina. "Gata peluda y trompuda alfa" (por ganar en sencillez, la llamaré a partir de ahora G.P.Y.T. alfa) es una veterana ya en traer al mundo principitos. La dama en cuestión es la señora del territorio felino y alguno de sus pequeños, con el tiempo, quizá herede su corona. La constitución félida es muy avanzada desde el punto de vista social y no hace distinciones en el orden de sucesión de sus reyes ni señores feudales, simplemente el/la más imponente se impone y se ocupa de sus asuntos ignorando en lo posible a los demás hasta la época de celo. De este modo, la continuidad monárquica está siempre asegurada. Es una suerte, porque determinar a estas alturas el sexo de los infantes es dificultoso. Primero, porque se necesita el Real consentimiento de la GPYT alfa para acercarse y segundo porque el proceso a seguir para determinar el sexo es distinto que en los omnívoros bípedos. A esos, basta con buscarles la cola para distinguir unos de otros, pero en los félidos, hay que contar el número de colas y realizar la siguiente operación: si es par, es machote y si es impar, es dama. Antes de realizar la cuenta, hay que separar a los cachorros unos de otros para que las colas no se confundan o podría salir un número superior al habitual.

Al príncipe parece no importarle en absoluto que uno le haya salido negro...