Atlante

Publicado el 7 de Julio, 2005, 1:00

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El último "single" de Jennifer López es simplemente insufrible y estoy harto de escucharlo sonar cerca mío. Ni me voy a dignar a averiguar su nombre, simplemente es una canción de sonidos espantosos que se repiten hasta taladrarte el pensamiento. Está bien, la mayoría de la música que se vende hoy en día parece ser así ¿pero cómo puede gustar tal cosa? Es la pregunta que flota en mi cabeza. Y lo peor, ¿por qué se acostumbra uno a tal esperpento y siente la tentación de tatarearlo?

Quizá la música sea un aspecto relativo, un asunto social y como tal no gusta por su armonía o complejidad creativa, sino por el sentido que se asocia a tal secuencia de sonidos. Si hubiera algo de cierto en esto, se podría aprovechar este conocimiento al máximo hasta encontrar ciertas formas de conseguir que una canción guste por horrenda que sea, de hecho esta última canción de Jennifer demuestra claramente que es posible.

El paso fundamental para colar tal porquería: hacer creer a las personas que están ante algo interesante. ¿Interesante por qué?

Interesante porque es nuevo, lo espantoso, si nuevo, es lo más, la última moda. Las personas no podemos permitirnos desadaptarnos, hay que moverse y hay que obtener las novedades. Cuando se nos presenta algo nuevo ante nosotros y ese algo es conocido por los demás, deseamos conocerlo también para compartir ese conocimiento.

Interesante por la figura que la representa. Una figura que ha adquirido éxito social se convierte en un modelo a imitar y se presupone al instante que todo lo que hace/dice puede ser importante para conseguir un aprecio social similar al que tiene. Tal figura ha de aparecer en televisión, en las portadas y en todos los medios sociales. No sólo por darla a conocer, sino por mostrar su alta influencia social. Un buen artista es una figura que debe querer imitarse ya por su aspecto, forma de vestir, cantar y bailar.

Interesante porque mucha gente piensa que es interesante. La típica estupidez humana producida por la faceta colectiva de nuestro pensamiento (el razonamiento participativo). El atractivo de hacer lo que hacen los demás, la necesidad de estar bien considerado en nuestro grupo y para ello aceptar sus gustos y preferencias. Si la artista consigue el reconocimiento de un premio o un alto número de ventas se convierte entonces en un patrón de referencia de masas y automáticamente nuestra mente se adapta para aceptarla.

Interesante porque la artista muestra visualmente un proceso de aprendizaje. Otra de las prioridades mentales de nuestra mente, la necesidad de aprendizaje. Todo artista de éxito debe demostrar en pantalla su dominio corporal: su aprendizaje en el dominio de la voz (aunque este aspecto no importa tanto), su aprendizaje en el movimiento corporal, su aprendizaje en la transmisión de emociones usando su rostro, su aprendizaje en el uso de algún instrumento...

Interesante porque representa el atractivo sexual. Un potente motor de nuestras apetencias.

Interesante porque es fácil identificarse con ella. Es uno de nosotros, alguien que además se preocupa por nosotros, cosa que demuestra con sus sonrisas, sus donaciones ocasionales y sus entrevistas coloquiales en las revistas. Así conocemos sus preocupaciones, problemas, alegrías...

¿Es interesante porque la artista nos ayuda en algún aspecto? No.

¿Es interesante porque su voz sea especial? No.

¿Es interesante porque ella misma crea sus canciones? No.

¿Es interesante porque su música haya sido creada para fascinarnos? No.

¿Es interesante porque realmente nos encontramos ante una artista? No.

Entonces, ¿por qué es interesante? ¿Por un proceso de influencia mental calculado, absurdo y sutil que aprovecha todos los medios de comunicación a su favor?... ¿Realmente alguien creerá que Jennifer López es especial y no un producto de marketing creado a partir de alguien seleccionado al azar? ¿Realmente alguien creerá que le gustan sus canciones y no que ha sido influido subrepticiamente por toda esa industria mediática? Yo lo que pienso es que cuando alguien no entiende de música, termina por escuchar ruidos horrendos, solo que bien condimentados socialmente.