Atlante

Publicado el 31 de Julio, 2005, 11:11

Imaginemos la siguiente situación: una jaula, en su interior dos gallos. Los gallos están separados por una pared, luego la jaula está separada en dos partes. En una de las partes, uno de los gallos está suelto y puede caminar normalmente, mientras que en la otra, el gallo está inmovilizado y su cabeza asoma por un agujero hasta la otra parte de la jaula. Es decir, en una jaula hay un gallo suelto y la cabeza de otro gallo asomando por un agujero. El suelo de la jaula puede electrificarse y de hecho a menudo se electrifica. El gallo que anda suelto siente dolor y trata de huir de él, pero todo el suelo de la jaula está cargado de electricidad y no puede. El gallo busca un modo de huir del dolor, pero no lo logra. Ante el dolor y ante la sensación de no poder hacer nada por evitarlo surge la frustración en el animal y para tratar de aliviarse de tal frustración surge la agresividad. El gallo comienza a picotear la indefensa cabeza del otro gallo, quien no puede hacer nada para evitarlo...

 

Con este experimento se demostraba que los animales responden con agresividad ante la frustración y ante la indefensión que produce advertir que no es capaz de evitar el dolor. Los seres humanos mostramos la misma respuesta ante situaciones similares, supongo que todos nos hemos frustrado en alguna ocasión y hemos descargado nuestra agresividad para aliviarnos.

 

Ahora imaginemos la siguiente situación: un colectivo social humano ve como otro colectivo social humano, más poderoso y con mejores medios, trata de destruir su cultura, sus valores e intenta arrebatarle los pocos recursos de su tierra. El grupo social siente dolor, ante la imposibilidad de echar al enemigo surge la frustración y con ella la agresividad. Lo apunto como posible causa del incremento "frustracionista" de los extremistas que atentan contra nosotros. En realidad esta frustración puede surgir sin una amenaza evidente por parte de los occidentales, la simple existencia de grupos sociales tan cercanos (con nuestra tecnología actual, incluso separados por medio mundo estamos aquí al lado) basta para generar agresividad entre sus miembros. Pero parece evidente que el mundo occidental invade física y culturalmente unas tierras habitadas por un grupo de personas de tradiciones distintas y que éstas pagan con miles de muertos tal actitud.

 

Siguiendo con la historia. Los individuos frustrados extienden su frustración y ganan adeptos a su causa, no les resulta nada difícil pues el número de islamistas que sienten sus territorios invadidos y sus tradiciones violadas es inmenso. Estos individuos buscan el mejor sistema para liberar su agresividad y la encuentran saboteando las redes de transporte y aniquilando a toda suerte de personas en el proceso.

 

La población occidental se siente amenazada, a la vez incapaz de anticipar el peligro y por tanto, aumenta su nivel de frustración y con él su nivel de agresividad. ¿Contra quién descarga esta agresividad? Por un lado con la población inmigrante de su territorio y por otro con los gobernantes que toleran la situación de injusticia que se mantiene en el mundo islamista.

 

Si los ciudadanos descargan su frustración y agresividad contra sus políticos, estos se sienten amenazados por un peligro que no pueden controlar, surge la frustración... pero nuestros políticos sí pueden controlar el peligro. Pueden aumentar las competencias de las fuerzas de seguridad, coartar las libertades, impedir la libre circulación de las comunicaciones y encauzar nuestra agresividad hacia un ficticio enemigo extranjero organizado (el mal)... y si lo hicieran y lograran, el ciclo de la frustración se detendría en nosotros, recibiríamos la frustración por parte de los extremistas y la frustración por parte de nuestros propios gobernantes electos, convertidos en controladores electos que indudablemente usarían el control social para su propio beneficio pero sin beneficios para nosotros (como se vio hace pocos días con el asesinato del joven brasileño, el control sobre la población aumenta la frustración entre ella, al final, siempre habrán errores y abusos que nos afecten directamente). Los extremistas descargan su frustración con los ciudadanos, los políticos nos presionan para que no nos volvamos contra ellos y para que el peligro no les amenace, las fuerzas de seguridad necesitan más control sobre la ciudadanía para evitar el peligro... gran panorama... En el mundo de hoy nuestros sistemas de transporte y comunicaciones son tan potentes que cualquier acción en cualquier punto del globo puede traer consecuencias justo al lado nuestro, cualquier frustración que se convierta en agresividad trae repercusiones negativas en nuestra sociedad, todos estamos en la misma sala y si alguien sufre, o alguien simplemente odia, nos afecta a todos. Ese riesgo se minimiza controlando las comunicaciones y los transportes, haciendo que las relaciones entre los distintos puntos del planeta sean más difíciles de establecer, minimizando la complejidad, creando jaulas para todos los seres humanos y alejándonos a unos de otros. Pero con ello, la sociedad sale perdiendo por adelantado, no paga cuando hay un atentado, paga a diario y mientras, los buscadores de poder y buenos resultados continúan jugando a su antojo con el mundo.