Atlante

Publicado el 3 de Septiembre, 2005, 0:36

Durante siglos de historia humana el poder de un grupo social / nación o cualquier tipo de asociación se ha basado principalmente en la calidad de sus herramientas, en la fertilidad de sus tierras o en su abundancia de recursos, en la convicción de sus miembros en una ideología que predique el bien común en el futuro (falsas esperanzas), en el esfuerzo que estas podían desarrollar para el bien de su grupo, en su número, en su capacidad para renovar a sus integrantes muertos y en la confianza que tengan en sus líderes, basada en la creencia de que velan por su felicidad. La especie humana es social y grupal, nuestra mente no usa realmente la razón para llegar a sus conclusiones cuando estamos hablando de temas sociales, sino que generalmente sigue otros patrones que permiten al individuo apoyar a su sociedad, familia, grupo, etc. Cuando todas estas condiciones surgen naturalmente, comenzaba la extensión por el mundo de un grupo fuerte. Bien lo saben los listillos que quieren verse por encima de los demás y por esa razón se afanan en crear una realidad oficial falseada, un entorno artificial manipulado por ellos, con los que conseguir todos esos aspectos en una sociedad.

Esto es, que cuando una minoría de personas que poseen una astucia más desarrollada (por la experiencia, por supuesto, por años de aprovecharse de las personas de buena fe) quiere conseguir poder, recurre a crear todos aquellos elementos que necesita para conseguirlo: buenas herramientas, conquista de excelentes tierras, creación de ideologías que traigan falsas esperanzas, la llamada a conseguir entre todos un objetivo por el bien común, la represión de la mayoría para conseguir que se esfuercen a cambio de lo mínimo o menos, la adoración al concepto del matrimonio y la familia y los métodos de publicidad, junto a los oportunos actos calculados con los que demostrar que quieren a sus gentes. Elementos que por supuesto, cumple el imperio estadounidense al pie de la letra y que no creo que yo tuviera que enumerar para que nadie los recordara. Si nos paramos a pensar en uno de los grupos que más éxito ha tenido durante muchos siglos: la iglesia católica, vemos que todo su éxito estriba en que su doctrina facilita la consecución de todos los elementos necesarios para que el grupo prospere a costa del sufrimiento de la mayoría. El nuevo Papa, antes de ser nombrado como tal era el símbolo de la tradición y ahora es un amable y queridísimo hombre que vela por la felicidad del pueblo, cómo no. Como este, infinitos casos más, pongamos también a China como ejemplo. Y todo ello funciona por la necesidad de los indefensos de delegar las decisiones que afectarán a sus vidas en manos de otros, con la única condición de que sean manos de personas que les quieran.

En estos días en que Nueva Orleáns ha sido prácticamente arrasada hemos asistido a la horrible realidad de un imperio despreocupado por el destino de los suyos. No es la prioridad de la administración estadounidense hacer la vida mejor a sus habitantes, ni siquiera de tenderles un brazo cuando están en situación de vida o muerte. Cinco días de penurias han tenido que soportar hasta que sus dignatarios han advertido que uno de los principios del lavado de cerebro grupal estaba siendo dañado. Dejar a tantas personas sufriendo ante las cámaras es claro ejemplo de que todas las buenas palabras con que las convencen para que les cedan el control de sus vidas no son más que falacias bien calculadas, mascaradas, teatro, mentiras... Creo que soy muy pesimista, pero mi opinión es que el temor de le los políticos de perder su máscara de bondad es el único motivo por el que aquellas personas pueden tener una oportunidad de salir de aquella situación. Es absurdo pensar que los dirigentes de aquél imperio no alberguen sentimientos de respeto a la humanidad, deben de tenerlos como humanos que son, pero en momentos como este, surge la duda de si sus sentimientos de superioridad no les ciegan hasta lo impensable.