Atlante

25 de Septiembre, 2005


Publicado el 25 de Septiembre, 2005, 12:40

Sombra lanza desde su blog un "llamamiento" y yo lo recojo, esperando no ser el único. Nos comenta el artículo que ha encontrado en la siguiente url (pinchar aquí) y trata el tema de la publicidad subliminal.

La publicidad es un fenómeno curioso de manipulación que comenzó siendo un simple medio de engaño que ensalzaba la calidad de los productos para convertirse, sin apenas ser apreciado por la población, en un sistema de alteración de nuestras ideas mentales asociadas. De los primeros anuncios, basados en la exposición de las ventajas del producto nos encontramos con la nueva publicidad, que intenta, como digo, que realicemos asociaciones mentales manipuladas aplicadas a sus productos. Una marca ya no ofrece una ventaja material, sino más bien, la satisfacción de una o más (si no todas) necesidades de la especie humana: salvaguarda de la muerte, sexo, status, prestigio y reconocimiento social, un gran grupo de amigos, la admiración de nuestros semejantes, la protección de nuestra familia y algunos recursos más. La publicidad funciona, es innegable, no tan bien como a los publicistas les gustaría, pero las empresas ya se encuentran en una espiral de competición de la que no pueden salir y simplemente invierten en publicidad temiendo que si no lo hicieran perderían la batalla comercial.

Como digo, todas esas motivaciones son parte de nuestra mente y una de las funciones de nuestro cerebro es la de reconocer en las actividades que llevamos a cabo y en nuestro entorno cercano qué elementos favorecen esas motivaciones y cuáles no. Enseguida, el cerebro nos envía mensajes de atracción hacia aquellas tareas que parecen saciar nuestras necesidades mientras que intenta que despreciemos las que nos alejan de nuestros objetivos. Este es el procedimiento natural de nuestra mente, que la publicidad trata de distorsionar para el beneficio de las marcas. El alcohol se lanza al mercado como un medio para conseguir sexo o éxito en las reuniones con los amigos. Los coches, para conseguir sexo, admiración del prójimo, o como demostración de la pertenencia a un status social superior. La comida, como medio saludable de cuidar a la familia de los modos más prodigiosos posibles. El agua, como un imprescindible modo de mantener el cuerpo en forma o para conservar la salud. La ropa, como otro medio de demostrar el status o para identificarse con la juventud. Las gafas, como sinónimo de belleza, atracción sexual y admiración. Las cremas de limpieza como rejuvenecedoras, en definitiva, un sin fin de absurdos que nos asaltan día tras día, a todas horas, en todas partes.

Nos encontramos pues, ante una forma de manipulación, un engaño que trata de conseguir que nuestra mente asocie los objetos con necesidades, es decir, un consumismo basado en el engaño de nuestras percepciones que encarece los productos que nos hacen falta añadiéndoles esas dobles motivaciones, con las que justificamos que los precios de las cosas más ridículas sean elevados no por sus resultados ni por su utilidad real, sino por sus promesas de bienestar y éxito. De este modo, a las personas se nos entorpece nuestros procesos de asociación naturales. Gracias a la publicidad, nuestras ideas se homogenizan y pierden diversidad, asignamos valores estúpidos a los objetos e invertimos nuestro tiempo en conseguir esos oscuros objetos de deseo en vez de invertirlo en la real satisfacción de nuestras necesidades de un modo más inteligente y duradero. Al final, la publicidad termina creando valores sociales inexactos, crea supersticiones. Ya sólo se consigue satisfacer nuestras necesidades a través de objetos de rápida consumición o que pronto pasan de moda. Invertimos un esfuerzo extra en conseguir esos objetos que por sí solos no nos sirven para nada. Aunque quizá... sí sirva. Veamos, si toda la gente acaba creyendo esas fantasías, siempre cabe la posibilidad de que se hagan realidad. Si cuando pasa un coche caro todos asociamos que esa persona ha conseguido el éxito social (y no que ha invertido más dinero de lo necesario en un medio de transporte pequeño que se le acabará rompiendo y quedando viejo) entonces es cuando la publicidad, a base de idiotizarnos a todos, habrá conseguido convertir en real sus mensajes, a base de evitar que podamos pensar de otro modo.

Volviendo al post de Sombra, también hay que comentar que la publicidad subliminal directa se ha demostrado ineficaz en psicología. La emisión de un mensaje encubierto del estilo "Come tal cosa" no sirve para nada pues el cerebro no tiene tiempo para asimilarlo y asociarlo. Si la publicidad subliminal funcionara, se usaría, y tendríamos infinidad de ejemplos de anuncios que pasados a cámara lenta nos mostrarían mensajes escondidos o de grabaciones del tirano de turno, mostradas en sus televisiones, en las que se intercalara su imagen con mensajes de adoración y similares.

Lo que funciona es la asociación de imágenes con ideas, sean reales o falsas, ver un elemento físico unido a una idea nos hace creer que existe una relación de causa efecto entre ellas, sea verídica o no. Esto ocurre porque nuestro cerebro utiliza ese sistema para aprender el funcionamiento del mundo natural. La publicidad nos engaña utilizando este sistema natural de aprendizaje. Entonces, puesto que lo subliminal realmente no obtiene resultados, no tenemos porqué creernos tanta basura y la publicidad puede ser contrarrestada por el pensamiento crítico, esto significa que cuando nos llega un mensaje publicitario, lo primero que hay que pensar es "el mensaje está falseado" y analizar qué medios han usado los publicistas para tratar de asociar necesidades humanas con objetos. Y para ello, claro, es necesario aprender algo de psicología, comprender sobre todo cómo nuestra evolución ha hecho que nuestra especie valore más ciertas necesidades que otras.

Aunque lo ideal, evidentemente, es reconocer toda publicidad como un incordio, como perjudicial para nuestro pensamiento libre y crítico y ni siquiera verla.

Para reconocer cuáles son las necesidades que la publicidad falsea, lo mejor es leerse algunos artículos que explican de modo resumido la pirámide de necesidades establecida por Maslow.

http://www.eumed.net/cursecon/2/necesidades_sociales.htm

http://www.gestiopolis.com/canales/gerencial/articulos/18/jerarquia.htm

Publicado el 25 de Septiembre, 2005, 11:10

"La muerte es sólo el principio"

"Wraith: el Olvido" fue la cuarta entrega de los juegos de rol de White Wolf dedicados al oscuro Mundo de Tinieblas. Esta vez, los jugadores se ponían en el papel de fantasmas: los muertos sin reposo, los que habían abandonado el mundo sólo a medias, porque tras ellos dejaban asuntos sin resolver. Los Wraiths son seres torturados, ya no sólo por su condición fantasmal de la que SÍ eran conscientes al contrario que los fantasmas de las últimas producciones cinematográficas, sino porque el mundo de los muertos, la tierra sin sol, era un lugar horrible. Caronte dirigía la tierra de los muertos sin reposo hasta que desapareció en la Tempestad luchando contra una criatura de la oscuridad. A partir de ese momento, fue la Jerarquía, los antiguos ayudantes de Caronte quienes ocuparon el gobierno y por supuesto, ya que eran humanos (muertos, pero humanos) se corrompieron. La caza de almas y el abuso de poder eran lo habitual.

Wraith era un juego realmente extraño. Las partidas debían estar muy personalizadas, pensadas para pocos jugadores. Los sin reposo permanecían en las tierras sin sol atados por sus "pasiones" y sus "cadenas", los asuntos pendientes que dejaron en vida y aquellos objetos que habían amado y que los mantenían cerca. Cada jugador tenía sus propios asuntos, necesitaba resolverlos para poder "trascender"... lo demás a veces tenía poca importancia. La única traba existente consistía en que interactuar con el mundo de los vivos era difícil, pero podía hacerse. Muchas veces era lo más divertido, porque los Whraits tenían un amplio elenco de poderes para afectarlo, desde aparecer, hasta causar fenómenos extraños, entrar en los objetos y moverlos, todos los típicos ingredientes de un poltergeist o de una casa encantada podían ser reproducidos en el juego. Imaginados, claro, en los juegos de rol se juega con la imaginación, los dados y la ficha de personaje, nada más.

El juego consiguió jugadores muy fieles, que se sentían atraídos por aquellos melodramas y la novedad de interpretar un fantasma que normalmente trataba de ayudar a los que había dejado atrás o vengarlos. Unos se comunicaban en sueños con sus seres queridos para animarlos a seguir viviendo. Otros perseguían a sus asesinos y trataban de causarles accidentes o volverles locos. Otros se lo tomaban con más tranquilidad y simplemente trataban de adaptarse a las tierras sin sol. Los más, intentaban derrocar a la Jerarquía. En general los grupos de personajes actuaban según sus propias motivaciones.

Para añadir interés al asunto cada jugador no sólo interpretaba a su personaje, sino a la "Sombra" del personaje de otro de los jugadores. La "Sombra", la parte oscura del fantasma, ansiaba llevarlo a la locura, al Olvido o convertirlo en un espectro... De ahí viene el nombre de este juego, de la lucha del fantasma por evitar ser engullido por el Olvido al que le arrastraba la Sombra.

La parte negativa era la poca identificación con el personaje y las pocas posibilidades de épica, heroísmo o de violencia que ofrecía el juego. Y por supuesto descartar completamente el sexo. Sin esos ingredientes, Wraith no fue un éxito comercial, sino más bien el producto menos vendido de White Wolf, a pesar de su originalidad y de los esfuerzos del equipo que lo desarrolló.

Publicado el 25 de Septiembre, 2005, 10:53

 

 

El 25 de abril de 2005 se aprobó un reglamento (pinchar aquí) que permite al gobierno poner en marcha un sistema de intercepción de comunicaciones privadas. No es normal que todas estas maniobras pasen tan desapercibidas para la opinión pública y que la gente no sea consciente de que se puede autorizar el espionaje a nuestras comunicaciones. Lamentablemente hacer pasar a los ciudadanos leyes que atentan a sus intereses de un modo subrepticio es una de los más “hermosas” artes que puede refinar un político. Que exista la intercepción de datos ordenada por el poder judicial puede ser considerado como algo necesario, pero lo curioso de este asunto es que parece que el poder judicial no ha intervenido en la confección del reglamento y que ha sido el gobierno el que, incluso contraviniendo la ley orgánica del poder judicial, ha decidido crear los mecanismos necesarios para el espionaje de los ciudadanos y crear la figura del “agente facultado” que tendría permiso para indagar en nuestra vida privada sin garantías por nuestra parte de que nuestra intimidad será protegida. La Asociación de Internautas se queja de la irregularidad de la ley en el siguiente enlace (pinchar aquí)

 

Por un lado está claro que el poder judicial ha de tener herramientas para perseguir a un criminal, por otro, es demasiado sencillo que tal información pueda copiarse y distribuirse sin nuestro consentimiento. Es un tema muy delicado, ya que cualquier conversación entre dos personas que tienen confianza puede contener un lenguaje casi cifrado, que no puede comprenderse sin tener un conocimiento de su vida personal, es decir, un lenguaje que no pueda comprenderse sin conocer el contexto bajo el que se emite. Existe este peligro, existe también la posibilidad de que se recojan comunicaciones casuales y se exagere su importancia. Cualquiera que se ponga a pensar en ello descubrirá muchos eventos indeseados que se pueden producir.

 

El mayor problema, sin embargo, es que este reglamento, que ni siquiera parece haber seguido el procedimiento ordenado por la constitución para este tipo de normativas que se oponen a un derecho fundamental, puede ser la base de próximos reglamentos aprobados del mismo modo que vayan adjudicando más competencias a expensas del poder judicial. Se rompe así el equilibrio de poderes y se permite que los ciudadanos estén desprotegidos ante las acciones de cualquier corrupto de turno, es decir, cualquier interesado en mantener su poder a toda costa o impedir que la ciudadanía pueda oponerse a sus intentos de lucrarse.

 

Nos la han colado, como escribe David en su blog (pinchar aquí). Nos la han colado con cuidado, con un pequeño paso al que le puede seguir otro y otro para crear todo un sistema de control desproporcionado sobre las actividades de los ciudadanos. Es el proceso habitual, ningún político comete la imprudencia de coartar las libertades de las personas de un modo tajante, sabe que provocaría rebeliones. Sin embargo, coartar poco a poco, esperando que la atención de los medios esté en otro lugar o que la ciudadanía no vaya a reaccionar porque algo, como el consabido miedo, le permite justificar la acción, ese es el procedimiento que siempre se lleva a cabo. Hay que tenerlo en cuenta, las libertades se eliminan poco a poco. Para recuperarlas sin embargo siempre es necesaria una crisis social. Las libertades se imponen de golpe y luego se eliminan con cuidado, para el beneficio de quienes quieren mantenerse y perpetuarse en el poder.

 

Es por esto que, aunque realmente no fuera el caso y los políticos sólo establecieran unas leyes necesarias para la eficiencia judicial y policial, los ciudadanos tienen que oponerse a que se salten las normas del juego. Los poderes del estado están separados para impedir las acciones dictatoriales. La uniteralidad, la centralización, siempre dan pie a que los poderosos desprecien a las personas más humildes para conseguir sus logros. Es una constante en el ser humano, demostrada en un ciento por ciento de los casos a lo largo de la historia, que el ser humano tiende a sacar beneficio de su situación, lo que él suele interpretar como “hacer las cosas inteligentemente” sin importarle las consecuencias que acarrea sobre los que no conoce, generalmente, las personas que no se dedican como él a perseguir la ventaja a toda costa.

 

Para terminar esta entrada del blog, quiero poner un enlace a una de las entradas de Gatopardo (pinchar aquí), en la que se analiza cómo poco a poco se anularon las libertades de los judíos en la alemania nazi. Aclaro que no pretendo comparar la actuación de nuestro gobierno y la interceptación de comunicaciones con la tiranía nazi, sino hacer constar cómo se lleva a cabo el proceso de destrucción de derechos. Poco a poco, de tal modo que sea una minoría los ciudadanos que alce la voz. Los demás ciudadanos no tendrán ganas de meterse en problemas por tan poca cosa, mientras creen que nunca les alcanzará el peligro.