Atlante

Publicado el 31 de Octubre, 2005, 23:08

Transparency.org lanzó hace dos semanas un estudio sobre percepción de la corrupción en casi todo el mundo. Nada nuevo, los países que siguen atados al gobierno de unos pocos, de los pretendidos hombres inteligentes y fuertes encabezan los puestos de máxima corrupción. Los países en los que se implementa la competencia política como medio de gobierno no terminan de librarse pero ganan significativamente en transparencia.

 

Esta tarde he estado ojeando los dos agregadores de Red progresista y liberal. A esta información que enlazo en el blog he llegado desde el segundo, concretamente desde el blog de Almendrera. El pensamiento liberal es curioso y debe ser que necesito estudiarlo más a fondo para comprender porqué se asienta una comunidad que desea la eliminación del estado y la libertad absoluta. Sí que pienso que al estado no se le puede permitir que consiga demasiado poder, pero tampoco se puede permitir esta situación para ningún otro agente social ni individuo. La forma de gobierno perfecta es aquella que entraña mayor complejidad y mayor número de intervenciones en sus decisiones. Se pierde efectividad, pero mayor sería esa pérdida en cualquier otro caso, causada por la corrupción y el expolio de una minoría.

 

La corrupción es un índice de pobreza. Supone un despilfarro de recursos que no puede dedicarse a las infraestructuras públicas. Construcciones que simplemente no pueden ser llevadas a cabo por un agente individual, que jamás invertiría en ellas. Por lo tanto un país sin infraestructuras es incapaz de progresar, de permitir que sus habitantes desarrollen actividades comerciales que produzcan un flujo de inversiones.

 

Por otra parte, la ciudadanía necesita un elemento sobre el que presionar ya que con esta presión participa en el buen funcionamiento y gestión de los recursos del país. Lo que está claro es que los recursos no pueden caer en un número de manos reducido y que la máxima del capitalismo de permitir la competencia entre agentes económicos conlleva un grave riesgo de corrupción, del mismo modo que la complacencia de la ciudadanía también puede ser peligrosa en la forma del descuido por su parte en la participación del desarrollo común.

 

Al final va a resultar cierto que la máxima competencia es beneficiosa socialmente, si se considera como competencia deseable al juego entre agentes sociales e individuales. El Estado debe ser entonces una herramienta de los ciudadanos que entienda que ellos son parte fundamental del progreso de su país, que cuando estos avanzan, se produce el avance del resto de elementos de la sociedad. El estado debe proteger y motivar, para lo cual no puede sobreproteger... Es un equilibrio curioso y difícil de mantener. 

 

Con la aparición de Internet se produce entonces una variación de estos elementos tradicionales en disputa. La ciudadanía ahora puede motivarse y coordinarse por sí misma, sin la actuación de otro agente. Puede participar en el desarrollo sin ser encauzada por emprendedores o políticos, se vuelve un colectivo más inteligente, incluso vive la política de otra forma como demuestran todos estos agregadores políticos (redprogresista.com, redliberal.com, lasideas.org, parlamentarios.info) y no tanto (ciberpunk.org)... Y la red es una herramienta que aún está desarrollándose. Veremos hasta donde nos lleva, seguramente hacia una mayor complejidad y efectividad de nuestro sistema político, pero sobre todo hacia un menor nivel de corrupción.

 

Enlaces al estudio sobre la corrupción en 2005:

 

http://www.transparency.org/cpi/2005/2005.10.18.cpi.es.html

 

http://www.transparency.org/cpi/2005/cpi2005_infocus.html

 

http://www.transparency.org/cpi/2005/images/world_map.pdf