Atlante

5 de Marzo, 2006


Publicado el 5 de Marzo, 2006, 19:55

Con derecho a réplica es el blog de una joven periodista murciana que el jueves publicaba un interesante artículo que viene bien para ilustrar todo este asunto de la fuerza de los colectivos y su atractivo para las personas. Nos habla de la última obra de Leo Bassi que fue comentada hace unos meses en el país. Hace unos días, grupos de ultraderecha y ultracatólicos pusieron una bomba en un teatro en el que pensaba representar su obra.

El actor está inquieto por la neo-evangelización  que crece en EEUU:

“Nuestra época vive una profunda paradoja. El país que más ha hecho en el último siglo por ampliar el perímetro del saber humano y desarrollar los beneficios de la tecnología, se ha vuelto loco y predica el oscurantismo. El poder de los evangelistas es poco conocido en Europa, pero en Estados Unidos se ha trasformado en la mayor fuerza política. Son propietarios de grandes cadenas de televisión y de periódicos, y consiguen influenciar profundamente la sociedad americana.


Según el prestigioso instituto de sondeo Galup, 72% de los adultos afirma que la Biblia nos enseña los orígenes del universo y el 45% piensa que Dios ha creado al Hombre hace menos de 10 000 años. Estos últimos datos nos permiten entender por qué, hoy, uno de los grandes acontecimientos que se discuten en los tribunales de EE.UU es saber si Darwin y la Evolución deben ser enseñadas a los niños en las escuelas.”

Y advierte que la nueva generación de empresarios es en su mayoría creyente, como, seguramente, también lo sería la clase política. Quizá nos encontramos ante una nueva expansión de la fe cristiana. Bassi se pregunta si es posible que una sociedad avanzada, tecnológica, científica, puede caer de nuevo en aquél error.

En mi experiencia particular, puedo contar el caso de un amigo, que antes de los treinta había dedicado la mayor parte de su tiempo a perseguir chicas que llevarse a la cama, usando todos los trucos posibles y al que luego le llegó ese ansia de dar estabilidad a su vida y casarse. Pero no sólo eso, sino que decidió unirse a los testigos de Jehová, hecho que jamás habría podido imaginar cualquiera de los que lo conocíamos.

Se puede entender así: Antes de los treinta, esta persona vivía a cargo de su familia y no tenía preocupaciones sobre su futuro. Una vez contrajo matrimonio y pasó a tener responsabilidades, notó que el futuro es incierto. Eso es algo que no se piensa sólo una vez, sino que viene a la mente con continuidad. Es un pensamiento doloroso, muy dañino. Cuando los testigos de jehová le ofrecieron la posibilidad de acudir a una de sus reuniones, probablemente vio que se encontraba rodeado de unas personas que cuidaban de los suyos y ese pensamiento, es sumamente tranquilizador, así que se sintió reconfortado y se unió.

El ser humano necesita agruparse para sentirse amparado, para notar que si algo le va mal, podrá contar con otras personas de su entorno. La diferencia entre el laicismo y el catolicismo estriba en que el primero no forma realmente una colectividad, sino que permite la libertad a sus miembros, mientras que el segundo coarta la libertad de sus integrantes, pero les ofrece seguridad a cambio.

Las religiones monoteístas son en realidad excusas para formar un colectivo social competitivo y con objetivos claros. Su faceta espiritual es muy reducida, la católica, por ejemplo, resume su ideología en diez simples mandamientos, pero esta es la base para crear más tarde toda una serie de normas y tabúes sociales que permitan a la sociedad crecer y ser fuerte. De otro modo, como comentaba en mi entrada anterior, la sociedad sería destruida por otras sociedades competitivas. Podrían existir religiones que hablaran de la libertad del individuo y de una verdadera espiritualidad, pero esas no tienen fuerza para oponerse a las religiones competitivas. Es esta faceta la que hace que los poderosos se pongan de su lado, pues necesitan a la población sumisa y a la vez productiva que la religión consigue.

Por poner un ejemplo, los rituales religiosos cumplen dos objetivos. En principio sirven para recordar a los fieles cuáles son esas normas que harán sus vidas felices. Pero más bien, se trata de una reunión social en la que sus miembros reafirman sus lazos entre ellos y se sienten amparados por la comunidad, haciéndoles sentir que sus penurias son soportables. Al fin y al cabo, todas las religiones que se han extendido por el mundo, superando la barrera nacional, son aquellas cuyos ritos son comunitarios. Ninguna pide a sus miembros que se encarguen ellos en solitario del rezo.

¿Porqué crece ahora ese sentimiento religioso? No es ese sentimiento el que crece, sino la necesidad de pertenecer a un grupo que ampare a la persona en una sociedad laica competitiva. El ser humano sobrevivió a las duras condiciones del África cooperando, trabajando junto a sus tribus. Nuestros cerebros están “programados” para sentirse terriblemente mal ante la posibilidad de quedarse solos. Para todos nosotros es un símbolo de tragedia. Las religiones refuerzan los vínculos de sus miembros y les traen la seguridad de saber que nunca estarán solos y para las personas, es más importante evitar el miedo al futuro que saber la verdad sobre el origen del universo o el de las especies.

La otra opción, la que podría ofrecer la sociedad laica, sería la de garantizar el futuro de sus miembros, léase sistema de ayudas sociales, impulsando a la vez el trabajo de éstos a cambio de prestigio social o mejores bienes materiales. Pero hablando de EEUU, en el que ya nadie tiene seguridad tras la privatización se los servicios sociales, no es de extrañar que su población busque otras formas de sentirse segura. Mientras, en Europa, los grupos ultraliberales tratan de arrastrarnos a eso con la directiva Bolkestein que por suerte no salió adelante.

  

El informe Gallup (del año 2001) daba las siguientes estadísticas:

Un 37% de los consultados pensaban que los humanos se han desarrollado con la guía de Dios.

Un 12& pensaban que los humanos se desarrollaron sin que Dios interviniera en ese proceso.

Un 45% pensaba que Dios creó a los humanos en su forma actual (sin evolución)

Un 6% no opinaban.

Publicado el 5 de Marzo, 2006, 15:53

La evolución es un proceso prodigioso que nos ha llevado a convertirnos en los seres vivos más adaptables y con más posibilidades de engordar del mundo. Todo eso, claro, si las teorías evolutivas son ciertas, que ya se sabe que el Diseño Inteligente está cada vez más presente en nuestras vidas y tampoco hay que despreciarlo. No se puede decir que Dios no exista y que no piense en nuestro bien, al fin y al cabo, nuestra especie es de las que más relaciones sexuales tiene del reino animal y eso es algo que todos agradeceríamos a un creador del universo. Es realmente digno de elogio, que un ser todopoderoso haya dado forma a nuestro mundo a partir del polvo cósmico para que nosotros podamos disfrutar de nuestros polvos hogareños.

 

La evolución es algo que nos rodea por doquier, pues no sólo afecta a los seres vivos, sino que también se podría pensar que muchas otras cosas evolucionan. Nuestras herramientas evolucionan, más bien nosotros las hacemos evolucionar, para que se adapten mejor a nuestros necesidades y nos permitan esforzarnos menos, para así, engordar más, algo que forma parte del sentido de la vida humana.

 

Otro tipo de evolución es el de los colectivos, es decir, la evolución de las agrupaciones sociales humanas. Los colectivos llevan evolucionando desde que el hombre comenzó a hacer como que razonaba y hoy por hoy, estamos rodeados de formas bastante perfeccionadas, como pueden ser las empresas, las religiones monoteístas y las agrupaciones estatales. Por supuesto, toda esta evolución va dirigida a que esas agrupaciones se extiendan, se adapten y perduren, pero con el proceso han ido haciéndose más frías, más dadas a la búsqueda de resultados, a perseguir el beneficio. Las empresas ya han alcanzado nivel mundial y por suerte las leyes de competencia las tratan de contener un poco. Las religiones pasaron de formas politeístas a monoteístas y orientadas a la sumisión de sus miembros. Las comunidades económicas, federaciones, etc, son el siguiente paso evolutivo de los países hacia formas más grandes y difíciles de comprender por sus ciudadanos.

 

¿Qué hace triunfar a un colectivo? Hasta hace pocos años era todo cuestión del número de seguidores que tenía. Cuantas más personas y territorio fueran absorbidas más capacidad para producir y así, los países trataban de extender su cultura mediante la conquista, las religiones de hacerse atractivas para el pueblo y las empresas de conseguir trabajadores a buen precio (esto es, con malos sueldos). De este modo, la evolución de estos colectivos es una historia en dos partes: cómo se hicieron atractivos para las personas ofreciendo algo a cambio de su pertenencia y cómo se las apañaron para hacerles trabajar más sus propios recursos a cambio de menos. Las empresas ofrecen beneficios económicos por el esfuerzo. Las religiones dan esperanza y resignación a cambio del trabajo para los poderosos (bueno, este quizá no fuera su sentido original, pero acabó siendo su principal medio de expansión). Los mega-estados ofrecen la sensación de pertenecer a un grupo fuerte, que no tendrá miedo ante el resto de estados del mundo.

 

Cuanta más atractiva es la oferta para las personas, o para los poderosos, más evolucionado se puede considerar. Aquellos colectivos que no ofertaban bien y no impulsaban el trabajo de sus miembros hace tiempo que se extinguieron. Por eso, para la mayoría de estos colectivos el hedonismo, el disfrute, era una lacra. Ahora lo es menor, pues el hedonismo es la base del consumismo. Pero antiguos estados o las religiones actuales ven mal todo lo que no representa un incremento del número de sus miembros o del trabajo de estos. Quizá sea la causa, por poner un ejemplo, de la persecución que se suele realizar sobre los homosexuales, ya que esa forma de comportarse es hedonista y claro, poco reproductiva, lo que impide que la sociedad se expanda. El matrimonio también es un medio para hacer que los hombres trabajen más por su colectivo (religión, país), en vez de dedicar su tiempo a satisfacer sus necesidades sexuales. Muchos tabúes o normas sociales se explican como normas que permiten que las personas dediquen su tiempo al colectivo.

Publicado el 5 de Marzo, 2006, 11:43

 Es lo que decían el otro día en Mundoblog, creo que concretamente Chavalina, que la gente notaba cuando un bloguero hacía un post de relleno. Este es uno de ellos, o quizá no, que cada uno juzgue. En realidad ayer intenté escribir algo, para el tema de "El pensamiento" que trataba de la evolución de los colectivos y sus métodos de captación, pero no llegué a terminarlo y ahora pienso que era algo muy cargante. Pero claro, lo estaba escribiendo con unos 38.5º de fiebre. Más o menos como estoy haciendo ahora.

Hace hora y media, me he levantado para desayunar. He ido al servicio y al salir he notado un mareo. He intentado dirigirme a la cama más cercana y lo siguiente que he pensado era que porqué estaba tan dura la maldita cama y qué era lo que me estaba clavando en la ingle. Estaba tirado y clavándome el marco de la puerta. Había alguien durmiendo muy cerca, pero ni se ha enterado. La verdad, suelo tener la tensión de un muerto pero nunca antes la había tenido... tan por los suelos. Me he levantado y he comprobado, casi sorprendido, que no notaba ningún golpe en mi cuerpo, así que puedo considerar que he tenido suerte. Tras desayunar, tomarme el Neobrufen y acostarme otro rato, la fiebre me ha bajado de 39.6 a 38.2.

Nota mental: Si no quiero que esto se repita, dejar el Neobrufen al lado de la cama y que tomármelo sea lo primero que haga en el día. Está claro que siempre que alguien se mete una hostia, aprende algo nuevo.