Atlante

Publicado el 16 de Marzo, 2006, 22:29

Voy siguiendo las noticias que saltan a la prensa relacionadas con el espectáculo de Leo Bassi “La Revelación”. Pongo una selección de enlaces, pues después del intento de asesinato de un grupo ultra-católico, se han sucedido las consecuencias: Una manifestación en Madrid en contra de su obra. El obispo de Toledo tachando a la obra de blasfema y anticristiana. Castilla La-Mancha reacciona diciendo que no subvencionará a Bassi. Pero por otro lado, Guadalajara lo invita a la ciudad y como suele suceder, la publicidad extra que aportan todas estas noticias ha hecho incrementar la venta de localidades.

Me ha llamado la atención aquella escena tan polémica en la que Leo Bassi, interpretando al Papa, consagra un condón y lo ofrece a dos sacerdotes. Ójala algo así sucediera alguna vez, quiero decir, que se aceptara el condón, pero el preservativo es anatema para la iglesia porque aceptarlo significaría un gran golpe para la competitividad del colectivo religioso, ya que la iglesia, como otras religiones, necesita que sus miembros críen como conejos pues tal hecho les supone una ventaja competitiva ante otros colectivos:

-         Aumenta el número de adeptos: los hijos de los ya integrados en el grupo.

-         Los cristianos se ven pronto rodeados de hijos y sólo pueden reaccionar trabajando más para mantenerlos, lo que les hace más productivos. Los réditos del trabajo, por supuesto, se lo quedan los eclesiásticos o sus aliados en el poder, por lo que el colectivo se hace más fuerte.

-         Además, el miembro se vuelve sumiso, pues no podrá arriesgarse, rebelarse, por miedo a que su rebelión dañe a su prole.

De este modo, la religión cristiana ha crecido encontrando la forma de que sus miembros se dediquen completamente al trabajo, haciéndolos competitivos, incrementando su número e impidiéndoles buscar alternativas. Por estas mismas razones, la iglesia no puede aceptar la homosexualidad, pues impide la formación de familia numerosa y favorece el hedonismo.

La iglesia (en realidad, todas las religiones actuales) no está dispuesta a sacrificar esta estrategia ya milenaria. Aceptar el uso del condón en todo el mundo supondría reducir sus miembros, lo que la haría débil ante otros colectivos religiosos, es decir, el islamismo u otras sectas descendientes de la religión cristiana que le pasarían por encima. Volvería a sus miembros más hedonistas, pues sin la responsabilidad de la familia numerosa tendrían más tiempo para dedicarse a sí mismos, lo que también supone que serían menos productivos y claro está, tendrían tiempo para madurar su pensamiento, conseguir criterio y cambiar de modo de vida.

Ya que el cristianismo sigue siendo fuerte en nuestro país, quizá incluso más competitivo, integrado y eficaz que el colectivo laico, como demuestra su gran influencia en el mundo empresarial y político, es de suponer que Leo Bassi va a seguir teniendo muchos problemas con la iglesia, pero por otra parte, toda esta polémica le proporciona beneficios. Será interesante ver cómo evoluciona el asunto.