Atlante

Publicado el 5 de Julio, 2006, 22:21

Quizá alguien no conozca el blog de Eduard Punset que estrenó en Abril y que ha demostrado un poder de convocatoria excepcional al conseguir un volumen inmenso de comentarios.

 

Me gusta leer su blog porque hay algo con lo que coincido con él y plasma muy bien en sus envíos. Es hacer hincapié en que otra educación es necesaria, una en la que no prime tanto el conocimiento externo y sí  el auto-conocimiento, la preparación emocional. Leyendo sus textos he podido reflexionar mucho y este escrito que hago es un poco para condensar todo lo que se me ha ocurrido.

 

Me llamó la atención su preocupación sobre el espíritu emprendedor y la competencia emocional, creo que da en la diana al pensar que los jóvenes de hoy carecen de fuerza para tomar las riendas de su vida y formar su propio negocio que le permita subsistir y desarrollarse socialmente. Los seres humanos del siglo XXI parecemos tener muy difícil esa aspiración. Vivimos en un mundo dominado por grandes organizaciones y el individuo, la persona, no puede crecer sin la ayuda de éstas.

 

Trasladando el problema al mundo político creo que se ve con más claridad, hoy día, es muy difícil crear un nuevo partido político desde la nada, no es necesario ser un genio para constatar que su posibilidad de éxito es muy pequeña, que requeriría el trabajo de toda una vida y el de muchas personas para arañar algunos votos a los colectivos que ya se han instalado en ese entorno: PP, PSOE, etc.

 

En el mundo empresarial, nos acercamos a una situación muy parecida. Las empresas se funden y resultan en multinacionales, conglomerados, colectivos que llegan a crear sus propias ciudades en algunos casos. Cuando un joven piensa en emprender, no tiene que ser un genio para constatar que ese entorno está también saturado, controlado por grandes poderes económicos que le barrerían fácilmente si llegara el caso. Para la mayoría de los jóvenes, entrar en un entorno como ese se ve imposible y sólo optan a él los que han conseguido un mayor prestigio, economía o contactos, generalmente los hijos de empresarios. Para todos los demás, la opción más clara es la de adaptarse a uno de esos colectivos ya existentes, buscar una empresa en la que integrarse y en la que ser productivo, cosa que muchas veces desestima cuando advierte que la empresa es dirigida por un grupo de personas que se presionan a sí mismas con la pretensión de alcanzar el máximo beneficio y por tanto, las decisiones de la empresa se deshumanizan, se convierten en estadísticas y ejercicios económicos. El panorama entonces, parece desalentador.

 

En el mundo natural, el entorno no es controlado por los mismos individuos de la misma especie durante demasiado tiempo. Si existe la vejez, ese proceso artificial de nuestras células, que nos debilita poco a poco, es precisamente para obligar a los individuos establecidos a ceder su espacio y por tanto, para que los individuos jóvenes se motiven y compitan. Ellos sienten que hacerse un hueco es posible porque tarde o temprano, la edad destronará a los animales que están en las mejores posiciones. Así, cuando unos leones jóvenes son expulsados de una manada, vagan sabiendo que inevitablemente les llegará el momento, cuando ellos sean adultos y sus rivales viejos, de alcanzar el dominio. Si el león no envejeciera, no habría posibilidad de ocupar su sitio y el banco de genes sería siempre el mismo.

 

En el mundo empresarial, la vejez no existe, el colectivo se mantendrá fuerte durante más tiempo del que puede esperar una persona, por tanto, un emprendedor no ve las opciones tan claras. Donde sí puede competir e intentar lograr un progreso personal es dentro de la propia empresa, sustituyendo a sus actuales mandos. Pero crear una nueva empresa compitiendo con las ya existentes no sería motivador para un ciudadano medio. Luego aparte, está el hecho de que el mundo comercial con su publicidad y ansia de beneficio constante nos ha hecho dependientes del placer inmediato y por ende, los años de esfuerzo que supondría crearla se adivinan como demasiado duros.

 

Al menos por mi parte, los únicos emprendedores de éxito de los que tengo noticias son aquellos que llegaron a un entorno que no estaba controlado y dieron con la fórmula para aprovecharlo al máximo. Internet ha permitido que muchos jóvenes emprendedores se hagan su sitio. Esto me induce a pensar que para incrementar la motivación empresarial en los jóvenes, sería necesario, por una parte, llevar al máximo exponente las leyes de la competencia para impedir que las empresas crezcan tanto como para ser invencibles, pues si una de estas organizaciones ahoga a las demás, entonces no hay forma de motivarse para crear la propia empresa. Por otro lado, es necesario un enorme dinamismo de la educación para que forme a los jóvenes en aquellos nuevos entornos donde aún es posible progresar. El sistema educativo debería reconocer cuándo surge un nuevo entorno y enseñarlo a la juventud, para que ésta se motivara y ocupara un lugar en él. Las ayudas a la innovación y al I+D deberían ser fundamentales, pues es ahí donde los jóvenes tienen todas las de ganar, con ese dinamismo y ese control de la competencia, los jóvenes se lanzarían mucho más a la aventura.

 

Por cierto, esa imagen tan llamativa la cogí de aquí:

http://www.revistafuturos.info/futuros_6/emprendedor_1.htm