Atlante

Lectura


Publicado el 29 de Agosto, 2005, 0:21

De los ensayos I, capítulo XXXI, Montaigne hablando de la Atlántida y de América.

Tuve junto a mí durante largo tiempo a un hombre que había vivido diez o doce años en ese otro mundo descubierto en nuestro siglo, en el lugar donde Villegagnon tomó tierra y al que llamó Francia antártica (nota: Brasil, fue llamado de ese modo por Villegagnon cuando desembarcó en 1557). Este descubrimiento de un país infinito parece ser considerable. No sé si puedo asegurar que se harán otros en el futuro [...]. Platón introduce a Solón (en el Timeo 21b-25d), para contar cómo supo por los sacerdotes de la ciudad de Sais en Egipto que, antaño, antes del diluvio, existía una gran isla llamada Atlántida, exactamente en la boca del estrecho de Gibraltar, que comprendía más países que Asia y África juntas; y que los reyes de aquel territorio, que no solo poseían esa isla sino que habían avanzado tan lejos en tierra firme que llegaban a lo ancho de África hasta Egipto y a lo largo de Europa hasta la Toscana, decidieron dar un salto hasta Asia y subyugar a todas las naciones que bordean el mar Mediterráneo hasta el golfo del mar Mayor; y para ello, atravesaron las Españas, las Galias, Italia, hasta Grecia, donde los atenienses los contuvieron; mas que, algún tiempo después, fueron engullidos por el diluvio, los atenienses, ellos y su isla. Es muy verosímil que aquel enorme estrago de agua produjera cambios extraños en las regiones de la tierra, al igual que se considera que el mar arrancó a Sicilia de Italia. [...] Mas no hay grandes indicios de que esta isla (Atlántida) sea ese mundo nuevo que acabamos de descubrir, pues tocaba casi con España y sería increíble que la inundación la hubiera apartado hasta donde está, a más de mil doscientas leguas, aparte de que las modernas expediciones han descubierto que casi no es una isla, sino tierra firme.

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Publicado el 26 de Agosto, 2005, 19:12

Esto escribía en su obra “Testamento” el goliardo Francois Villon, primer poeta maldito de Francia mientras esperaba que se cumpliera la sentencia de muerte a la que había sido condenado:

  

“Yo soy Francois, lo cual me pesa.

Nacido en París, junto a Pontoise

Y de la cuerda de una toesa

sabrá mi cuello lo que mi culo pesa.”

 

Hasta ahora se trataba de uno de los mejores ejemplos que conocía de un hombre condenado enfrentándose a la muerte con el sentido del humor como arma. Ante la muerte cierta, parece que el peso de la vida desaparece y más de uno torna su ánimo calmado y su lengua punzante. Ahora estoy leyendo los ensayos de Michel de Montaigne y en los Ensayos I, capítulo XIV me he encontrado uno de estos textos dedicado a las grandes preocupaciones humanas, y así se expresa respecto a los pesares de la gente y a la actitud ante la muerte:

 

“Los hombres (dice una antigua sentencia griega) están atormentados por la idea que tienen de las cosas, no por las cosas en sí. Mucho ganaríamos en cuanto al alivio de nuestra mísera condición humana si se pudiese establecer siempre como verdadera esta tesis. Ya que si los males solo pueden penetrar en nosotros a través de nuestro juicio, parece lógico que esté en nuestro poder el despreciarlos o el tornarlos hacia el bien. Si las cosas se entregan a nuestra merced, ¿por qué no cambiarlas o adaptarlas en beneficio nuestro? Si lo que llamamos mal y tormento no es ni mal ni tormento de por sí, sino que solo nuestra fantasía le presta esta cualidad, en nosotros está el cambiarla. Y pudiendo escoger, si nadie nos fuerza, estamos prodigiosamente locos al tomar partido por lo más molesto y al dar a las enfermedades, a la indigencia y al desprecio, un gusto malo y amargo pudiendo dárselo bueno, y puesto que el destino sólo nos proporciona la materia, a nosotros toca el darle forma.

 

...

 

Cuántas personas del pueblo vemos que van a la muerte, y no a la muerte normal, sino envuelta en la vergüenza y a veces acompañada de atroces tormentos, con tanta serenidad, unos por tozudez, otros por necedad, que nadie advierte cambio alguno en su estado ordinario; ocupándose de los quehaceres domésticos, aconsejando a sus amigos, cantando, haciendo discursos y entreteniendo al vulgo, mezclando bromas incluso y bebiendo a la salud de sus conocidos al igual que Sócrates. Uno al que llevaban a la horca decía que no lo hiciesen por tal calle pues corría el peligro de que un tendero le echase el guante a causa de una antigua deuda. Decíale otro al verdugo que no le tocase la garganta porque no le hiciera retorcerse de risa de tan cosquilloso como era. Otro respondió al confesor que le prometía que cenaría esa noche con el Señor: “Id vos, id vos, que yo por mi parte ayuno”. Otro, habiendo pedido algo de beber, al haber bebido el verdugo primero dijo que no quería beber después de él por miedo a coger las viruelas. Todos hemos oído contar la historia del picardo aquél, al que, estando en el cadalso, le presentaron a una prostituta para (como nuestra justicia permite a veces) salvarle la vida si quería casarse con ella; él, habiéndola contemplado un poco y viendo que cojeaba, dijo: “Quita, quita, que cojea”.“

 

Y me salgo un buen trozo y llego hasta la respuesta que le da un condenado al sacerdote que intenta conseguir que se encomiende a Dios:

 

“Al hombre que le exhortaba a encomendarse a Dios, preguntole:

-         Quién va para allá?

Respondiole el otro:

-         Vos dentro de poco si a Él le place.

-         ¿Estaré allí mañana por la noche? – replicó.

-         Encomendaos simplemente a Él – prosiguió el otro - , pues pronto estaréis allí.

-         Entonces más vale que yo mismo le lleve mis encomiendas – añadió él.”

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Publicado el 25 de Agosto, 2005, 13:31

La sociedad más destructiva y terrible imaginable ya fue imaginada por George Orwell. 1984 es el infierno, la aniquilación del ser humano como ser libre y la visión más desesperanzadora del mundo que he leído. En estos días en que los soldados españoles van a Afganistán a luchar por la paz, es cuando se ve que ciertas mentiras y engaños se parecen mucho a las que se usan en la actualidad.

En 1984, tres eran los grandes slogans del Partido Interior que dominaba los destinos de sus habitantes, los escribo y los comento por encima:

Guerra es Paz

Libertad es Esclavitud

Ignorancia es Fuerza

La Guerra es la paz. El estado de guerra continuo y constante trae la estabilidad al mundo, manteniendo a los poderosos en su cima y a los ciudadanos en la miseria y en la imbecilidad.

La Libertad es Esclavitud. El ser humano queda completamente privado de individualidad. Todo aquél que se comporta como un ser independiente y no como miembro de la masa es capturado por la "Policía del Pensamiento", considerado un "Crimental" y llevado al "Ministerio del Amor" donde su personalidad es destruida. En 1984, los esclavos creen ser libres.

La Ignorancia es Fuerza. El Partido se encarga de mantener en la ignorancia a los ciudadanos y obliga a que toda la información sobre el pasado se rescriba según sus propios intereses. Lo que estaba escrito ayer, si hoy se demuestra como peligroso, se rescribe para que no queden pruebas. La sociedad vive en el más absoluto desconocimiento del pasado, que es modificado día tras día para que la historia sea como el Partido quiere. Como el pueblo es ignorante, el estado es fuerte.

Si comparamos el estado de guerra actual de los EEUU con las teorías sobre "La Guerra es la Paz" podemos encontrar grandes similitudes.

Aquí pongo el texto que hace referencia al peligro que supone para el estado que el nivel de la calidad de los ciudadanos aumente y cómo la guerra es el camino para que los ciudadanos admitan que la sociedad no puede darles una vida mejor, distinta a la de la pobreza y el miedo:

"Pero también resultó claro que un aumento de bienestar tan extraordinario (nota: debido al extraordinario desarrollo de la tecnología y de las máquinas) amenazaba con la destrucción de una sociedad jerárquica. En un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de la desigualdad. Si la riqueza llegara a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza (nota: y el ocio desmedido) suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada, no tendría derecho alguno a imponerse sobre los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia"... [] .... El problema era mantener en marcha las ruedas de la industria sin aumentar la riqueza real del mundo. Los bienes habían de ser producidos, pero no distribuidos. Y, en la práctica, la única manera de lograr esto era la guerra continua.

El acto esencial de la guerra es la destrucción, no forzosamente de vidas humanas, sino de los productos del trabajo. La guerra es una manera de pulverizar o de hundir en el fondo del mar los materiales que en la paz constante podrían emplearse para que las masas gozaran de excesiva comodidad y, con ello, se hicieran a la larga demasiado inteligentes."

Y a nosotros nos dicen que la guerra de Irak era necesaria para la paz, que deben mantenerse los efectivos en Afganistán para mantener la paz...

He encontrado una bitácora que usa esa obra maestra que es 1984 para hacer comparaciones con la realidad actual. Últimamente se dedica a hablar de los sucesos relacionados con el atentado de Londres y el asesinato del joven brasileño:

http://1984-2004.blogspot.com/

Una buena síntesis de 1984 se puede encontrar en:

http://html.rincondelvago.com/1984_george-orwell_14.html

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